Los dioses no murieron de golpe. Murieron como mueren las emociones intensas: sin anuncio, sin fecha, dejando el espacio que ocupaban con una forma que todavía reconocemos pero ya no habitamos.
Cementerio es una serie de investigación en curso que parte de esa premisa. La obra propone una mitología propia: los dioses son emociones colectivas que alguna vez tuvieron cuerpo, que circularon a través de comunidades enteras, que se comunicaron sin lenguaje y sin abstracción — a través del sentir puro. Lo que queda de ellos no es doctrina ni texto sagrado. Lo que queda es la arquitectura de su ausencia.
Cada pieza de la serie ocupa el lugar de algo que ya no está. Las formas son densas pero incompletas — no empiezan ni terminan, sólo interrumpen. Esa interrupción es deliberada: el cementerio no es un espacio de duelo sino un espacio de registro. Esto estuvo aquí. Esto tuvo forma. Esto dejó de tener sentido antes de dejar de existir.
La serie no es religiosa. No celebra ningún sistema de creencias ni lo refuta. Opera en el territorio anterior a toda doctrina — el momento en que una necesidad colectiva necesita forma y no ha encontrado aún el nombre correcto para ella.
Cementerio es un sistema abierto: puede seguir creciendo mientras sigan muriendo dioses. La investigación continúa.